De Madrid al cielo… nocturno

Este artículo fue publicado en Madridiario.es el 10 de agosto de 2018

Hace unos días tuvimos ocasión de contemplar el eclipse lunar total más largo del siglo… Bueno, unos más que otros. Los que vivimos en Madrid tuvimos que esperar a que la luna se levantase del horizonte y el cielo se oscureciese lo suficiente para que la polución por un lado y el intenso alumbrado de la ciudad por otro, nos permitiese observar la “luna de sangre”.

Porque la Comunidad de Madrid es una de las regiones más afectadas por la contaminación lumínica, según recientes estudios realizados en Europa. Además del exceso de alumbrado nocturno, el reflejo de las luces de la ciudad sobre la boina de contaminación que la cubre es tan potente que nos impide observar el cielo nocturno de forma natural. Para un urbanita madrileño la observación de constelaciones o de la Vía Láctea es una entelequia, ya que solo se puede aspirar a ver algunos de los astros más brillantes. Hay que alejarse varias decenas de kilómetros de la ciudad, para tener cierta sensación de cielo nocturno.

Desde hace algún tiempo, existen campañas e iniciativas reivindicando el derecho a disfrutar del cielo nocturno. Estas iniciativas señalan, además, que el exceso de iluminación puede afectar gravemente a los ritmos biológicos de los seres vivos, incluidos los mismos seres humanos, y que puede estar causando un grave impacto en la biodiversidad. Si a esto le sumamos el derroche económico que puede suponer un alumbrado excesivo o poco eficiente, parece lógico esperar que las administraciones regulen un aspecto tan importante de nuestras vidas.

España es el país que más energía gasta por habitante en alumbrado público. Tres veces más que países tan avanzados como Alemania. Por ello, en la proposición de ley para la protección del Patrimonio Natural de la Comunidad de Madrid que registramos en junio en la Asamblea de Madrid incluimos un artículo dedicado a la protección del cielo nocturno, que incluye la elaboración de un mapa de la contaminación lumínica de la región, y el desarrollo de normativa específica para la consecución de los siguientes objetivos:

a) Prevenir, minimizar y corregir los efectos de la dispersión de luz artificial hacia el cielo nocturno.
b) Preservar las condiciones naturales de oscuridad en beneficio de los ecosistemas nocturnos en general.
c) Promover el uso eficiente del alumbrado, sin perjuicio de la seguridad de los usuarios.
d) Reducir la intrusión lumínica en zonas distintas a las que se pretende iluminar, principalmente, en entornos naturales
e interior de edificios residenciales.
e) Salvaguardar la calidad del cielo nocturno y facilitar la visión del mismo con carácter general y, en especial, en el entorno de los observatorios astronómicos.

Si hablamos de patrimonio natural, no podemos olvidar el que está por encima de nuestras cabezas. De Madrid al cielo… nocturno.

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