La biodiversidad en Madrid: 30 años sin protección autonómica

Sapos parteros (Alytes obstetricans) en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, uno de los anfibios en mayor peligro de extinción en la Comunidad de Madrid

Un año más celebramos el Día Internacional de la Diversidad Biológica sin que en la Comunidad de Madrid se haya actualizado el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre. Ya hace 30 años que la Ley 2/1991 para la Protección y Regulación de la Fauna y Flora Silvestres en la Comunidad de Madrid y el subsiguiente Decreto 18/1992, de 26 de marzo, crearon dicho Catálogo. La normativa autonómica prescribía además la redacción de planes de recuperación, conservación o manejo de las especies catalogadas en el plazo de dos años, o sea para 1994 a más tardar. Lamentablemente han pasado casi 30 años y la Comunidad de Madrid no ha aprobado ni uno solo de estos planes, a los que estaba obligada por su propio decreto, pero también desde la aprobación del Catálogo Español en 2011.

Obviamente, sería necesario actualizar la legislación autonómica vigente desde los años 90 y adaptarla a la legislación estatal y europea. Además de no ser ya conforme a la nueva legislación, el viejo Catálogo Regional tiene numerosos errores taxonómicos y sobre todo importantes ausencias de especies descubiertas o redescubiertas durante los últimos 30 años que deben ser incorporadas. La Consejería de Medio Ambiente ya cuenta con informes técnicos donde se señalan muchos de estos defectos.

Pero además se deben redactar y aprobar los planes de recuperación y conservación de las especies catalogadas a nivel estatal y presentes en la Comunidad de Madrid, que aseguren la supervivencia de estas especies en la región y garanticen la necesaria seguridad jurídica a los madrileños que interactúan con ellas, ya que se han superado con creces los plazos legales correspondientes. La Comunidad de Madrid tiene el triste récord de ser la única que no ha aprobado ni uno solo de estos planes, ni siquiera de las especies en peligro más crítico de desaparición.

Gracias a su posición biogeográfica y su orografía, la Comunidad de Madrid tiene una importante biodiversidad en la que se encuentran representadas una gran cantidad de especies amenazadas, raras e incluso endémicas del Sistema Central. Tiene por lo tanto una importante responsabilidad en el mantenimiento de dichas especies, pero además, dadas sus características sociales y económicas, debe hacer un esfuerzo especial para garantizar que el desarrollo económico es compatible con la protección de la biodiversidad.

A las archiconocidas águilas reales, imperiales y perdiceras, buitres y cigüeñas negras, lobos y linces, se deben sumar muchas otras especies de fauna y flora, más humildes pero igual de valiosas y representativas de los ecosistemas que habitan. En Madrid se encuentran no menos de 18 especies de mariposas amenazadas, incluida las serranas apolo (Parnassius apollo) e isabela (Graellsia isabelae), otras tantas de coleópteros, incluidos endemismos tan raros como Iberodorcadion martinezii, diez de peces y otras diez de anfibios, y por supuesto más de 50 de plantas, muchas de ellas con distribución restringida al Sistema Central o las zonas esteparias, particularmente gipsícolas, ligadas a suelos yesíferos. Por cierto que lo de las aves esteparias es también asignatura pendiente, ya que se trata de un grupo de especies que va de mal en peor sin que la administración haga nada por evitarlo. Avutardas, sisones, gangas, ortegas, alcaravanes, aguiluchos y primillas tienen los días contados en nuestra Comunidad. Ninguna de estas especies, ni grandes ni pequeñas, tiene el más elemental plan de conservación por parte de la Comunidad de Madrid, a pesar de que algunas afrontan un gravísimo riesgo de extinción.

La protección de las especies es una necesidad imperiosa para evitar la crisis de la biodiversidad y asegurar el pleno funcionamiento de los ecosistemas. Legislativamente está desarrollada en una profusa normativa estatal y europea, pero toda ella parece ser que no va con la administración autonómica madrileña que se limita a aplaudir y ponerse medallas que no le corresponden cuando le va bien a alguna especie (como al águila imperial o al buitre negro), y a ocultar la realidad en todos aquellos casos que las abocan a la desaparición.

Madrid necesita urgentemente una política de protección de la biodiversidad que se tome en serio la gravedad de la situación de muchas especies en grave riesgo de extinción, y ello pasa por adecuar los instrumentos legislativos regionales y redactar y aplicar los planes de conservación correspondientes que están previstos por las leyes. La enorme presión de visitantes sobre nuestros espacios naturales, la tupida red de infraestructuras, la gran densidad de población y la altísima tasa de urbanización hacen aún más necesarios que en otras zonas redoblar los esfuerzos de conservación.

 

 

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